Miro el calendario y viajo mentalmente 12 años atrás, recordando ese día y dándome cuenta de que apenas recuerdo el sonido de tu voz pero sí tus rasgos y tus gestos, esa sonrisa ladeada y esa forma tan tuya de enlazar tu brazo con el mío para caminar juntas.
Hoy ya no camino junto a ti pero eso no significa que te haya olvidado, no, eso es algo que nunca pasará porque te guardo bien protegida en mi corazón, tratando de recordar solo lo bueno.
Y un año más quisiera decirte tantas cosas... Pero si algo me gustaría es poder abrazarte de nuevo y que me digas que todo va a ir bien mientras siga creyendo en mí. A veces se hace muy difícil seguir pero como tú decías rendirse no es una opción.
He empezado a salir a correr por las mañanas y he visto las flores en pleno esplendor primaveral, las amapolas que tanto te gustaban y esas chiquititas moradas de las que nunca recuerdo su nombre.
Otro año más ha pasado y aquí sigo, mirando tu estrella e imaginando que desde ahí me ves con esa calma que siempre te acompañaba y que servía de contención a mi impulsividad.
Están aflorando muchos recuerdos mientras te escribo y me hacen sonreír, ya no duelen, al igual que tu ausencia ya no es ese dolor desgarrador sino una punzada que me recuerda que te sigo echando de menos a pesar del tiempo.
Quisiera tus consejos, tu mano agarrando la mía y diciendo que si al final no sale bien al menos trataremos de tomarlo con humor, ese humor que ya no encuentro en mí, como tantas otras cosas... Y eso me hace preguntarme qué pensarías de mí al ver tanto cambio y que muchos de esos cambios ni siquiera me gustan y por eso trato de modificarlos.
Echo de menos poder decirte todos esos pensamientos que pasan por mi cabeza y que a veces son tóxicos y trato de ahogarlos en el fondo de mi mente; tú lo hubieses entendido, lo sé.
Todavía sueño con esa habitación en llamas en la que te trato de alcanzar y no puedo, en la que cuando vas a hablar me despierto llena de angustia por no saber qué quieres decir. Y sí, sé que es un sueño pero te veo y, en ocasiones, sueño con nosotras sentadas envueltas por las llamas mientras me transmites una paz que a veces me cuesta encontrar.
Son 12 años ya, demasiados días de luchar y de desgastar mis energías, pero aquí sigo, como prometí, y aquí seguiré, hasta el día que nos volvamos a encontrar.
Te quiero, mi pequeña estrella 🤍
domingo, 10 de mayo de 2020
martes, 21 de abril de 2020
Abrazo mi cuerpo mientras el agua de la ducha cae sobre mí, llevándose las lágrimas que caen sin cesar, dejando un reguero de calma a su paso. Es complicado: por un lado los días pasan rápidos y por otro el tiempo de cuarentena se torna eterno mientras veo todos los planes, todos lo proyectos, pasando junto a mí sin detenerse. Mientras la necesidad de estar a su lado amenaza con ahogarme; necesito tanto sus (a)brazos...
Está siendo duro, más de lo que me imaginé, convivir con ese monstruo llamado pasado que se burla diciéndome que, por mucho que corra, siempre me alcanzará. Pensamientos que no son míos y a la vez lo son, oscuros, dañinos, llenos de miedo.
Miedo. Esa es la sensación. Siempre presente, siempre al acecho... Miedo por un pasado lleno de errores, un presente que se tambalea a causa de esos errores y un futuro incierto. Y saber que la culpa es mía.
Continuo abrazando mi cuerpo, acariciando mi mente, pidiéndome perdón por todas las veces que actué contra mí misma, por todo el dolor causado, todas las somatizaciones que torturan a mi cuerpo a la mínima... Me abrazo y me felicito por seguir en pie, por luchar contra esos monstruos que forman parte de mí, esos demonios que conforman mi infierno personal y que desde que empecé a luchar con más fuerza que nunca, sabiendo que era mi última oportunidad, se aferran a mí, tratando de quedarse y que me pierda a mí misma; pero sé que no podrán, no puedo ni quiero permitirlo, no puedo (ni quiero) seguir viviendo con miedo.
Y me permito llorar, aliviar ese nudo, esa sensación de desbordamiento, entrar en calor después de sentirme helada por dentro, me permito sentir todo de golpe, sin barreras, sin luchar, en un momento de intimidad y vulnerabilidad máximas conmigo misma. Sí, vulnerabilidad, porque todas las barreras han caído.
Amaia Montero está sonando, Beret como próxima canción en modo aleatorio... me hacen sentir mejor, me reconfortan entre el bramido del agua que sale por la alcachofa de la ducha a una temperatura lo suficientemente alta como para relajar mi cuerpo entero.
Finalmente dejo que del agua fría caiga sobre mí, recordándome que es hora de volver a mi lucha particular, de respirar hondo, abrazar la calma y salir al mundo dándole una patada a esos miedos y diciéndome que llegará pronto ese reencuentro, que todo irá bien... porque no puedo concebir el resultado contrario, no quiero, quiero ganar esta lucha de una vez, que ganemos ese ansiado "todo está bien, sin tambalearse, seguro y fuerte".
Salgo de la ducha, limpiando el vaho del espejo mientras me envuelvo en una toalla y (me) sonrío; no es la mejor sonrisa pero es un avance y tengo confianza en que pronto las lágrimas dejen de ser una constante y lo sea la risa. Cada vez más cerca, cada vez con más esperanza en alejarme del borde del precipicio y abrazar la paz conmigo misma. Cada vez más cerca de perdonarme y amarme sin reservas, pero de momento toca (re)construirse.
Espero que todos vosotros y vuestro entorno estéis bien, ya sabéis que me tenéis a un silbido (o mail) de distancia.
Hasta la próxima y recordad que os leo en el correo del blog.
Está siendo duro, más de lo que me imaginé, convivir con ese monstruo llamado pasado que se burla diciéndome que, por mucho que corra, siempre me alcanzará. Pensamientos que no son míos y a la vez lo son, oscuros, dañinos, llenos de miedo.
Miedo. Esa es la sensación. Siempre presente, siempre al acecho... Miedo por un pasado lleno de errores, un presente que se tambalea a causa de esos errores y un futuro incierto. Y saber que la culpa es mía.
Continuo abrazando mi cuerpo, acariciando mi mente, pidiéndome perdón por todas las veces que actué contra mí misma, por todo el dolor causado, todas las somatizaciones que torturan a mi cuerpo a la mínima... Me abrazo y me felicito por seguir en pie, por luchar contra esos monstruos que forman parte de mí, esos demonios que conforman mi infierno personal y que desde que empecé a luchar con más fuerza que nunca, sabiendo que era mi última oportunidad, se aferran a mí, tratando de quedarse y que me pierda a mí misma; pero sé que no podrán, no puedo ni quiero permitirlo, no puedo (ni quiero) seguir viviendo con miedo.
Y me permito llorar, aliviar ese nudo, esa sensación de desbordamiento, entrar en calor después de sentirme helada por dentro, me permito sentir todo de golpe, sin barreras, sin luchar, en un momento de intimidad y vulnerabilidad máximas conmigo misma. Sí, vulnerabilidad, porque todas las barreras han caído.
Amaia Montero está sonando, Beret como próxima canción en modo aleatorio... me hacen sentir mejor, me reconfortan entre el bramido del agua que sale por la alcachofa de la ducha a una temperatura lo suficientemente alta como para relajar mi cuerpo entero.
Finalmente dejo que del agua fría caiga sobre mí, recordándome que es hora de volver a mi lucha particular, de respirar hondo, abrazar la calma y salir al mundo dándole una patada a esos miedos y diciéndome que llegará pronto ese reencuentro, que todo irá bien... porque no puedo concebir el resultado contrario, no quiero, quiero ganar esta lucha de una vez, que ganemos ese ansiado "todo está bien, sin tambalearse, seguro y fuerte".
Salgo de la ducha, limpiando el vaho del espejo mientras me envuelvo en una toalla y (me) sonrío; no es la mejor sonrisa pero es un avance y tengo confianza en que pronto las lágrimas dejen de ser una constante y lo sea la risa. Cada vez más cerca, cada vez con más esperanza en alejarme del borde del precipicio y abrazar la paz conmigo misma. Cada vez más cerca de perdonarme y amarme sin reservas, pero de momento toca (re)construirse.
Espero que todos vosotros y vuestro entorno estéis bien, ya sabéis que me tenéis a un silbido (o mail) de distancia.
Hasta la próxima y recordad que os leo en el correo del blog.
❤️
viernes, 10 de abril de 2020
Estados de identidad
En psicología del desarrollo he aprendido las etapas por las cuales se pasa para llegar al logro de la identidad según Marcia; en ellas se dice que para alcanzar el logro de la identidad debe haber crisis, y esa crisis llevarte al compromiso. Normalmente estas etapas ocurren durante la adolescencia, pero hasta ahora yo estaba en lo que se llama etapa de la difusión de la identidad: sin crisis, ni compromiso.
Mi mente ha estado dormida muchos años, en una pausa en la que nada se cuestionaba, nada invitaba a reflexión y la curiosidad por el mundo en el que vivo y todo aquello que lo compone apenas tenía cabida en mis pensamientos... ¿Nada se cuestionaba? Nada, excepto yo y el no ser lo suficientemente buena. ¿Buena para qué? No lo sé, aún no lo sé. En el último mes siento que mi mente ha despertado a la vida, cuestionándolo todo, planteándose cosas que nunca imaginó, reflexionando y entendiendo; es como una especie de sed de saber, de necesidad de entender lo que antes simplemente memorizaba o dejaba estar sin hacer el esfuerzo de comprenderlo, de curiosear acerca de todo lo que me rodea y ponerme a prueba. Es como si hubiese pasado fugazmente por la etapa de exclusión, en la que hay compromiso pero no crisis, en la que sentía esas ansias pero no las dejaba florecer, para desembocar inmediatamente en la etapa de moratoria, en la que no hay compromiso pero sí crisis, aunque ese compromiso sigue ahí latente, esperando una reevaluación y, de ser necesaria, una reconstrucción de mis prioridades, de mis ideas y, porqué no, de mis valores, para después comprometerme conmigo misma, con esa identidad hecha a mi medida, moldeada y querida por mí; estoy en esa especie de "crisis" que me llevará hacia ese ansiado compromiso y a lograr la etapa final, el logro de la identidad.
No todo el mundo pasa por todas las etapas, algunos simplemente se quedan en una de ellas o directamente adquieren el logro de su identidad, esa etapa "ideal" que nos ayuda a definirnos como personas y a labrar nuestro futuro sabiendo quiénes somos y qué queremos. Puede que ni yo misma esté pasando por ninguna etapa y simplemente desvaríe... aunque estoy segura de que algo en mí está cambiando, un cambio necesario y anhelado durante mucho tiempo. Ya no soy una adolescente pero ¡más vale tarde que nunca!
Mi mente ha estado dormida muchos años, en una pausa en la que nada se cuestionaba, nada invitaba a reflexión y la curiosidad por el mundo en el que vivo y todo aquello que lo compone apenas tenía cabida en mis pensamientos... ¿Nada se cuestionaba? Nada, excepto yo y el no ser lo suficientemente buena. ¿Buena para qué? No lo sé, aún no lo sé. En el último mes siento que mi mente ha despertado a la vida, cuestionándolo todo, planteándose cosas que nunca imaginó, reflexionando y entendiendo; es como una especie de sed de saber, de necesidad de entender lo que antes simplemente memorizaba o dejaba estar sin hacer el esfuerzo de comprenderlo, de curiosear acerca de todo lo que me rodea y ponerme a prueba. Es como si hubiese pasado fugazmente por la etapa de exclusión, en la que hay compromiso pero no crisis, en la que sentía esas ansias pero no las dejaba florecer, para desembocar inmediatamente en la etapa de moratoria, en la que no hay compromiso pero sí crisis, aunque ese compromiso sigue ahí latente, esperando una reevaluación y, de ser necesaria, una reconstrucción de mis prioridades, de mis ideas y, porqué no, de mis valores, para después comprometerme conmigo misma, con esa identidad hecha a mi medida, moldeada y querida por mí; estoy en esa especie de "crisis" que me llevará hacia ese ansiado compromiso y a lograr la etapa final, el logro de la identidad.
No todo el mundo pasa por todas las etapas, algunos simplemente se quedan en una de ellas o directamente adquieren el logro de su identidad, esa etapa "ideal" que nos ayuda a definirnos como personas y a labrar nuestro futuro sabiendo quiénes somos y qué queremos. Puede que ni yo misma esté pasando por ninguna etapa y simplemente desvaríe... aunque estoy segura de que algo en mí está cambiando, un cambio necesario y anhelado durante mucho tiempo. Ya no soy una adolescente pero ¡más vale tarde que nunca!
martes, 31 de marzo de 2020
Abuela.
El día 24 de marzo fue tu cumpleaños abuela,
para mí todavía lo es,
a pesar de que hace cuatro años que no soplas las velas con nosotros.
Se me está haciendo un poco cuesta arriba este año, ¿sabes?
Me he perdido unas cuántas veces
en mis propios pasos
y desconozco el camino de vuelta a casa,
pues ninguno me llevará a tus (a)brazos.
Echo en falta nuestras conversaciones
hablando de todo y de nada,
donde tus arrugas me enseñaban
que la ignorancia y la mala memoria
eran sinónimos de la felicidad.
Tú siempre tan confiada,
rezando cada noche
porque la sociedad
se volviese al menos un cuarto
de lo generosa que eras tú.
Imposible olvidar esos ojos azules,
capaces de brillar al verme en la otra acera,
a un abrazo de distancia
y con el semáforo de los problemas en rojo.
Dicen tus hijos que te quieren,
ya sabes que él nunca fue de expresar sentimientos, ni emociones;
ella lo hace por ambos.
Ellos no le temen a la muerte,
ahora lo entiendo todo,
es mucho más jodido vivir sin ti
que pensar en todo aquello que hay después,
y no sabemos.
Créeme,
me arrepiento de no haberme quedado
esos 5 minutos más que me pedías.
Sé que eras feliz sujetando mis manos frías,
confiando en cada paso que daba.
Me bastaba con tu risa silenciosa,
un helado de chocolate compartido
y unos caramelos de anís
para sentirme a salvo.
Eras de las pocas que creía en la eternidad,
bonita palabra que deja entrever tu ausencia.
Los ángeles se me adelantaron, y llamaron a tu puerta antes de tiempo, sin avisar,
y aquí estoy, escribiendo, sin fuerzas,
vaciándome por dentro,
queriéndote dar una sorpresa más.
Mi presente sigue nublado y las lágrimas siguen cayendo, impidiéndome a veces ver el futuro
que siempre había soñado (a tu lado).
Dicen que el futuro no existe, tampoco lo entiendo (o quizás sí) pero me desangra continuar cada verso sabiendo que no habrá un mañana para volver a verte.
Ojalá algún día empiece a valorarme
y a ver en mí,
Todo aquello que reflejaba tu sonrisa cada vez que me mirabas, cada vez que me mencionabas.
Ojalá estés ahí arriba para verlo,
para verme,
y sonreír por las dos.
Sigue brillando yaya,
te quiero y te adoro (con alpargatas y todo).
[Texto adaptado de un original de Lara Jurado]
[Créditos de la imagen a quién corresponda]
para mí todavía lo es,
a pesar de que hace cuatro años que no soplas las velas con nosotros.
Se me está haciendo un poco cuesta arriba este año, ¿sabes?
Me he perdido unas cuántas veces
en mis propios pasos
y desconozco el camino de vuelta a casa,
pues ninguno me llevará a tus (a)brazos.
Echo en falta nuestras conversaciones
hablando de todo y de nada,
donde tus arrugas me enseñaban
que la ignorancia y la mala memoria
eran sinónimos de la felicidad.
Tú siempre tan confiada,
rezando cada noche
porque la sociedad
se volviese al menos un cuarto
de lo generosa que eras tú.
Imposible olvidar esos ojos azules,
capaces de brillar al verme en la otra acera,
a un abrazo de distancia
y con el semáforo de los problemas en rojo.
Dicen tus hijos que te quieren,
ya sabes que él nunca fue de expresar sentimientos, ni emociones;
ella lo hace por ambos.
Ellos no le temen a la muerte,
ahora lo entiendo todo,
es mucho más jodido vivir sin ti
que pensar en todo aquello que hay después,
y no sabemos.
Créeme,
me arrepiento de no haberme quedado
esos 5 minutos más que me pedías.
Sé que eras feliz sujetando mis manos frías,
confiando en cada paso que daba.
Me bastaba con tu risa silenciosa,
un helado de chocolate compartido
y unos caramelos de anís
para sentirme a salvo.
Eras de las pocas que creía en la eternidad,
bonita palabra que deja entrever tu ausencia.
Los ángeles se me adelantaron, y llamaron a tu puerta antes de tiempo, sin avisar,
y aquí estoy, escribiendo, sin fuerzas,
vaciándome por dentro,
queriéndote dar una sorpresa más.
Mi presente sigue nublado y las lágrimas siguen cayendo, impidiéndome a veces ver el futuro
que siempre había soñado (a tu lado).
Dicen que el futuro no existe, tampoco lo entiendo (o quizás sí) pero me desangra continuar cada verso sabiendo que no habrá un mañana para volver a verte.
Ojalá algún día empiece a valorarme
y a ver en mí,
Todo aquello que reflejaba tu sonrisa cada vez que me mirabas, cada vez que me mencionabas.
Ojalá estés ahí arriba para verlo,
para verme,
y sonreír por las dos.
Sigue brillando yaya,
te quiero y te adoro (con alpargatas y todo).
[Texto adaptado de un original de Lara Jurado]
[Créditos de la imagen a quién corresponda]
miércoles, 11 de marzo de 2020
Monstruos.
Miedo.
Llevo mucho tiempo sintiendo miedo por todo, a cada momento: por mi salud, por quedarme sola, por no saber seguir... Por perderlo todo.
Pero también me he dado cuenta de la función de ese miedo: protegerme, aunque de una manera tóxica para mí. Siento que es la forma en que mi mente trata de evitar los cambios, de evitar que algo escape a su control y pueda salir mal, y así solo consigo el resultado que más temo, el fracaso absoluto.
En el afán que yo misma tengo por protegerme con ese miedo, también aparece el temor a que todo vaya bien y por ello soy experta en autoboicotearme. ¿Para qué darme permiso para sentirme bien si luego puedo caer? Ahora estoy en el hoyo y me he acostumbrado a esta mierda, pero mi miedo es salir a la luz, sentir la plena felicidad, creer que todo va bien y que, de repente, todo cambie y vuelva a tropezar y a caer por este precipicio tan familiar. Llevo mucho tiempo luchando y ya no voy a hacerlo más; no, no es que me haya rendido, ni mucho menos, es solo que he llegado a la conclusión de que la solución no es luchar conmigo misma sino aceptar esa parte de mí y averiguar cómo desterrar esos miedos. No se trata de una guerra contra mi parte enferma, sino de aprender que forma parte de lo que soy y cambiar lo que no me guste usando el autocuidado y el respeto por mí. Acabo de empezar una terapia nueva y siento que es la última. Sí, sé que siempre he dicho eso pero tenía la creencia de que había más oportunidades, ahora sé que no es así, que o cambio ya o no avanzaré hacia la luz.
No me rindo, a pesar de no saber cómo lidiar con mi propio infierno, tengo la motivación y la fuerza necesarias para salir victoriosa, incluso aunque ahora mismo no lo crea, sé que acabaré haciéndolo.
Porque pude, puedo y podré.
Y sé que tú también. ❤️
Llevo mucho tiempo sintiendo miedo por todo, a cada momento: por mi salud, por quedarme sola, por no saber seguir... Por perderlo todo.
Pero también me he dado cuenta de la función de ese miedo: protegerme, aunque de una manera tóxica para mí. Siento que es la forma en que mi mente trata de evitar los cambios, de evitar que algo escape a su control y pueda salir mal, y así solo consigo el resultado que más temo, el fracaso absoluto.
En el afán que yo misma tengo por protegerme con ese miedo, también aparece el temor a que todo vaya bien y por ello soy experta en autoboicotearme. ¿Para qué darme permiso para sentirme bien si luego puedo caer? Ahora estoy en el hoyo y me he acostumbrado a esta mierda, pero mi miedo es salir a la luz, sentir la plena felicidad, creer que todo va bien y que, de repente, todo cambie y vuelva a tropezar y a caer por este precipicio tan familiar. Llevo mucho tiempo luchando y ya no voy a hacerlo más; no, no es que me haya rendido, ni mucho menos, es solo que he llegado a la conclusión de que la solución no es luchar conmigo misma sino aceptar esa parte de mí y averiguar cómo desterrar esos miedos. No se trata de una guerra contra mi parte enferma, sino de aprender que forma parte de lo que soy y cambiar lo que no me guste usando el autocuidado y el respeto por mí. Acabo de empezar una terapia nueva y siento que es la última. Sí, sé que siempre he dicho eso pero tenía la creencia de que había más oportunidades, ahora sé que no es así, que o cambio ya o no avanzaré hacia la luz.
No me rindo, a pesar de no saber cómo lidiar con mi propio infierno, tengo la motivación y la fuerza necesarias para salir victoriosa, incluso aunque ahora mismo no lo crea, sé que acabaré haciéndolo.
Porque pude, puedo y podré.
Y sé que tú también. ❤️
sábado, 7 de marzo de 2020
Extraña.
A veces siento que mi mente tiene algún fallo, o tal vez sea mi cerebro, no lo sé. A veces siento que una parte de mí está encerrada bajo siete llaves, prisionera de otra parte, vaya liada. A veces no sé cómo funciono, simplemente me invaden sentimientos de desesperanza de los que necesito distraerme a toda costa, es como si fuese ruido y necesitase ahogarlo con música a todo volumen.
A veces no me siento yo, aunque sea yo y el problema sea otro.
A veces... No sé.
A veces no me siento yo, aunque sea yo y el problema sea otro.
A veces... No sé.
lunes, 2 de marzo de 2020
Rara.
Eres rara.
Ríes por nada, lloras por todo.
Caes profundo y siempre vuelves de algún modo.
No hay tormenta que te saque las ganas de bailar, aunque a veces necesites alejarte y romperte en mil pedazos que a la mañana siguiente reconstruyes con fuerzas renovadas.
Ni rota dejas de amar, ni loca paras de soñar.
Ni en la más absoluta oscuridad dejas de avanzar, de luchar.
Y eso te hace brillar.
Ríes por nada, lloras por todo.
Caes profundo y siempre vuelves de algún modo.
No hay tormenta que te saque las ganas de bailar, aunque a veces necesites alejarte y romperte en mil pedazos que a la mañana siguiente reconstruyes con fuerzas renovadas.
Ni rota dejas de amar, ni loca paras de soñar.
Ni en la más absoluta oscuridad dejas de avanzar, de luchar.
Y eso te hace brillar.
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