Dicen que los abrazos más sinceros ocurren en los aeropuertos, las estaciones y los hospitales.
El viernes fui a esperar a mis padres a la estación y, debido a un retraso de su tren, me tocó esperar media hora. Lo que se presentaba como una espera aburrida terminó siendo emocionante para mí, ya que mientras esperaba sentada me dediqué a observar a las personas que tenía a mi alrededor.
No sabría decir cuántos reencuentros presencié, ya que había bastante gente, pero sí puedo asegurar que eran abrazos de esos que te tocan el corazón.
Unos niños corriendo hacia sus abuelos que los esperaban ansiosos, un niño gritando "mamá" al ver a su madre salir del tren, una pareja que se fundía en un abrazo mientras se decían lo que se habían extrañado...
Pero también presencié la otra cara: la de las despedidas.
Un grupo de amigos que habían coincidido para sus vacaciones y ahora regresaban a su hogar, una niña abrazada a su padre vestido con uniforme militar y una chica llorando incapaz de soltar a su pareja.
No pude evitar sonreír al recordar todas las veces que lloré en una estación de autobús en los últimos años y cómo ha cambiado todo desde entonces.
Tampoco puedo evitar un nudo en la garganta al traer a mi memoria los recuerdos de los abrazos dados en hospitales, esos que nunca quieres tener que dar ni recibir pero que van llenos de dosis de cariño, apoyo y comprensión.
Por suerte, hace bastante que no doy uno de estos últimos y que no tengo que despedirme por un tiempo que se hace eterno en estaciones, aunque esto me ha demostrado que el tiempo es relativo y que cada persona lo vive de distinta forma.
Todavía sigo llorando a veces en una estación, a pesar de saber que volveré en un par de días, y aún me sigo emocionando al recordar cuando subía del andén al vestíbulo de la estación y veía unos brazos listos para rodearme en un abrazo lleno de calidez.
Pienso en cómo ha cambiado mi vida desde entonces, pero a su vez en cómo hay cosas que se mantienen constantes. Puede que ahora el vestíbulo esté vacío, pero fuera hay un coche y, dependiendo del día, una o dos personas esperando para llevarme a casa sin darse cuenta de que en cuanto subo a ese coche y veo sus rostros ya estoy en casa
Puede que, a fin de cuentas, no tenga tanto que ver con el lugar, sino con quién te espera al otro lado para abrazarte y recordarte el significado de la palabra hogar.